Los Lefebvristas responden con una “Declaración de Fe”
Pero no definen si desisten o no de las ordenaciones cismáticas
Diane Montagna, la periodista católica norteamericana basada en Roma que más de cerca ha seguido el conflicto entre la Santa Sede y la Sociedad Sacerdotal de San Pío X, ha dado a conocer la respuesta del P. Davide Pagliarini -superior general de los Lefebvristas- a la declaración de ayer del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
Como informé ayer, el Prefecto del Dicasterio, Cardenal Víctor Manuel Fernández, anunció oficialmente que la ordenación de obispos planeada por los lefebvristas para el 1 de junio bajo la excusa de “estado de necesidad” en la Iglesia, constituye un acto cismático que incurre, por tanto, en la excomunión.
Hoy, en una rápida respuesta que por ahora solo está en inglés, el P. Pagliarini ofreció una “declaración de fe católica” dirigida al Papa León XIV, que aquí traduzco al español:
Santísimo Padre:
Desde hace más de cincuenta años, la Sociedad de San Pío X se ha esforzado por plantear ante la Santa Sede una cuestión de conciencia frente a los errores que están destruyendo la fe y la moral católicas. Lamentablemente, todas las discusiones entabladas han quedado sin resultado, y ninguna de las inquietudes expresadas ha recibido una respuesta verdaderamente satisfactoria.
Desde hace más de cincuenta años, la única solución verdaderamente considerada por la Santa Sede parece haber sido la de las sanciones canónicas. Para nuestro gran pesar, nos parece que el derecho canónico está siendo utilizado así, no para confirmar en la Fe, sino para apartar de ella.
En el texto que sigue, la Sociedad de San Pío X se complace en expresar a Vuestra Santidad, filial y sinceramente, su devoción a la Fe católica, sin ocultar nada, ni a Vuestra Santidad ni a la Iglesia universal.
La Sociedad pone esta sencilla Declaración de Fe en vuestras manos. Nos parece que corresponde al mínimo indispensable para estar en comunión con la Iglesia, y para llamarnos verdaderamente católicos y, en consecuencia, hijos vuestros.
No tenemos otro deseo que el de vivir y ser confirmados en la Fe católica romana.
A esta carta sigue una “profesión de fe” (hasta el momento de esta publicación solo en inglés), en el lenguaje usualmente pomposo y laberíntico, que contiene claras afirmaciones de los dogmas de fe, como:
Solo la Iglesia romana posee simultáneamente las cuatro notas que caracterizan a la Iglesia fundada por Jesucristo: unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad.
Pero incluye como dogmáticas otras afirmaciones que no lo son, y que se refieren a la forma específica de cómo se extiende el Reino de Dios en el mundo, y que no depende, como pretenden los lefebvristas, de el éxito de una cultura histórica particular. Por ejemplo:
La Cristiandad no es un mero fenómeno histórico, sino el único orden querido por Dios entre los hombres
A pesar de su enorme importancia en la historia y en la propagación de la fe, la Cristiandad, entendida como la gran cultura cristiana de Occidente, que dio lugar a las expresiones culturales más elevadas que la humanidad ha conocido; NO es equivalente al cristianismo y la propagación de la fe no depende de ella.
De hecho, aunque importantes autores católicos como G K Chesterton o Hillaire Belloc argumentan a favor de esta teoría, no existe ninguna declaración dogmática en la historia de la Iglesia que establezca un vínculo directo entre la prédica del Evangelio al mundo entero. Por el contrario, el importante concepto de Evangelización de la Cultura entiende que el Evangelio es capaz de convivir -y elevar- cualquier cultura.
El problema con la “declaración” Lefebvrista es que sigue confundiendo formas con doctrina de fondo, y no solo cree en una sola forma rígida de ser Iglesia, sino que cree que ésta debe ser impuesta por el Papa. Es decir, el mundo entero debe convertirse en la SSPX. Y eso es simplemente la soberbia llevada hasta el extremo de la locura.
El Vaticano ha expresado en reiteradas ocasiones -a pesar del retroceso en este campo que significó al desafortunada Tradiciones Custodes del Papa Francisco- que la celebración de la Misa Tradicional en Latín y de los Sacramentos según el Vetus Ordo es permitida y alentada; los Lefebristas no quieren eso. Quieren que el Papa declare que todo lo que ha sucedido en la Iglesia desde el Concilio Vaticano II es herético, y que toda la Iglesia vuelve no solo al pre-concilio, sino a la forma peculiar y rancia que los lefebvristas tienen de ella.
Y lo peor de la “declaración” es que no responde a la pregunta fundamental: ¿Van a ordenar obispos, incurriendo en cisma y excomunión o no?
Cualquier “declaración” que no responda a esa pregunta es más del discurso legalista, farragoso y autorreferencial de una comunidad que camina rumbo a la herejía gnóstica de creerse los elegidos.



