La Secretaría del Sínodo contra la Iglesia
Cuando la burocracia vaticana se convierte en máquina de propaganda contra un apostolados para personas homosexuales
Jason Steidl (izquierda) el homosexual católico “casado” que ataca un apostolado católico
En mi artículo anterior comenté el informe del Grupo de Estudio 9 publicado por la Secretaría General del Sínodo de los Obispos el 5 de mayo. Ese informe ya era grave por sí mismo: un documento inflado, confuso, lleno del lenguaje típico del camino sinodal, y dedicado a convertir en “discernimiento” lo que en realidad es la reapertura permanente de cuestiones que la Iglesia ya ha discernido a la luz de la Revelación, la Tradición y el Magisterio.
Pero hay un punto que merece una denuncia aparte.
El informe, como indiqué, publicado bajo el paraguas de la Secretaría del Sínodo, incluye el “testimonio” de “un homosexual”, como sabemos, amigo personal del jesuita pro-gay James Martin, que ataca directamente a Courage, el apostolado católico más importante del mundo para personas que experimentan atracción hacia el mismo sexo y que desean vivir castamente, en fidelidad a la enseñanza de la Iglesia.
Courage, un gran apostolado
No estamos hablando de una iniciativa marginal, clandestina o improvisada. Courage International, la organización denigrada por el homosexual activo elegido como testimonio emblemático por la Secretaría del Sínodo, fue fundado en 1980 por el padre John F. Harvey, OSFS, a pedido del cardenal Terence Cooke. Su primera reunión se realizó en Nueva York, y de esa experiencia nacieron sus cinco objetivos: castidad, oración y dedicación, fraternidad, apoyo y buen ejemplo. Courage recibió estatus canónico en 2016 como asociación clerical diocesana de fieles cristianos, y hoy cuenta con más de 160 capítulos en 15 países. EnCourage, su apostolado para familiares y amigos, cuenta con más de 100 capítulos en 8 países.
Es decir: la Secretaría del Sínodo no está atacando a un grupo raro en internet. Está dando plataforma a un ataque contra una obra nacida dentro de la Iglesia, sostenida por sacerdotes, acompañada por obispos, aprobada canónicamente y dedicada a ayudar a católicos concretos a vivir la virtud de la castidad en medio de una de las batallas más difíciles de nuestro tiempo.
La gran mentira
El informe del Grupo 9 dice que el testimonio del estadounidense amigo del cura Martin describe una “problemática” pertenencia a Courage y afirma que el grupo empujaría hacia “terapias reparativas”, con el supuesto efecto de separar fe y sexualidad. Además, el mismo informe recoge la idea de que las supuestas “presiones” hacia ese tipo de terapias producirían soledad, angustia, estigma y dobles vidas.
Ante la calumnia, publicada nada menos que por una autoridad vaticana, Courage respondió este viernes 8 de mayo, el siguiente comunicado:
El martes (5 de mayo de 2026), la Secretaría General del Sínodo del Vaticano publicó el informe final del Grupo de Trabajo 9, dedicado a los «Criterios teológicos y metodologías sinodales para el discernimiento compartido de cuestiones doctrinales, pastorales y éticas emergentes». Como ya han informado diversos medios, el documento contiene una referencia desfavorable al Apostolado Courage. Además, un «Anexo» adjunto presenta el testimonio de un individuo sobre su experiencia negativa con Courage.
Courage considera que este informe constituye tanto calumnia como detracción contra la organización y sus miembros. Calumnia, porque el informe tergiversa la labor de Courage. Courage no está involucrado —ni lo ha estado nunca— en la «terapia reparativa», tal como se alega. El grupo de trabajo podría haber aclarado este punto simplemente poniéndose en contacto con la dirección de Courage. Sin embargo, en lugar de hacerlo, el informe presenta la experiencia y la opinión de una sola persona como parte de un documento eclesiástico oficial.
En segundo lugar, resulta injusto para nuestros miembros que el Sínodo presente públicamente las reuniones y a los miembros de Courage bajo una luz negativa, basándose en la experiencia de una sola persona. Este individuo califica las reuniones a las que asistió como «secretas y ocultas». Los miembros de Courage entienden que dichas reuniones son confidenciales y seguras; precisamente para poder hablar con franqueza y vulnerabilidad, sin temor a que alguien divulgue información sobre ellos. Y eso es precisamente lo que hace este individuo al describir a las personas presentes en la reunión como «solitarias, desesperanzadas y, a menudo, deprimidas». Desconocemos si su apreciación es correcta. Pero es precisamente porque las personas suelen sentirse solitarias, desesperanzadas y deprimidas por lo que las reunimos para brindarles apoyo e insistimos en la confidencialidad que les permite hablar libremente sobre sus luchas.
Courage ya ha sido objeto de calumnias y detracciones en el pasado, aunque habitualmente por parte de medios seculares. Constituye una gran tristeza y una herida adicional para nuestros miembros ver esta descripción falsa e injusta plasmada en un documento del Vaticano. Si los funcionarios del Sínodo desean obtener más información sobre Courage International, Inc. y su apostolado a lo largo de más de 45 años, nuestros capellanes y miembros estarán encantados de reunirse con ellos.
La respuesta de Courage es caritativa pero demoledora, porque evidencia que la Secretaría del Sínodo prefirió tomar la experiencia y opinión de una sola persona -que sigue practicando la sodomía de forma regular con una pareja, excluyéndose así de la plenitud de los sacramentos- y elevarla al rango de material oficial de discernimiento.
Y aquí está el punto más escandaloso: el testimonio publicado por la Secretaría del Sínodo no es el testimonio de un católico anónimo, sencillo, sin agenda pública, que simplemente cuenta su historia. El propio testimonio habla de participación en “ministerios” LGBT, de trabajo con America Media’s Outreach (La organización mediática de los Jesuitas norteamericanos de la que el P. James Martin es uno de los principales líderes), y de escritura en medios nacionales, de activismo público por “católicos LGBT”, y de un libro titulado LGBTQ Catholic Ministry, Past and Present, auspiciado por el “ministerio” pro-homosexual fundado por Martin.
Diversos medios han señalado que esos datos apuntan a Jason Steidl, autor de un libro con ese mismo título. El medio Daily Caller en Estados Unidos informó además que Steidl y su “esposo” fueron bendecidos por el padre James Martin después de la publicación de Fiducia Supplicans, -como demuestra la fotografía que publiqué en mi artículo anterior- y que Martin escribió el prólogo del libro de Steidl.
¿El sínodo convertido en mafia?
Si esto es correcto, entonces el problema ya no es solamente que el informe sea malo. El problema es que la Secretaría del Sínodo habría usado como “testimonio” una pieza de activismo perfectamente alineada con la agenda del padre James Martin y de su entorno. No sería una escucha amplia del Pueblo de Dios. Sería una operación de propaganda con membrete vaticano.
Y para colmo, el blanco elegido es Courage.
Hace muchos años, cuando yo conducía el programa Cara a Cara en EWTN en Español, entrevisté a un joven mexicano que había decidido dar la cara y encabezar Courage Latino en México. No era un ideólogo. No era un propagandista. No era un hombre buscando aplausos. Era un católico que, con una valentía inmensa, quería vivir su fe completa, sin mutilarla, sin acomodarla al espíritu del mundo, sin exigirle a la Iglesia que cambiara el Evangelio para hacerlo coincidir con sus heridas o sus deseos.
Más de diez años después, el mes pasado, en la Basílica de los Mártires Mexicanos en Guadalajara, se me acercó un caballero de apariencia sólida y profesional. Me preguntó: “¿Tú eres Alejandro Bermúdez?” Cuando le respondí que sí, me dijo: “Yo soy la persona que tú entrevistaste de Courage Latino hace muchos años. Tal vez no me reconozcas”.
Efectivamente, no lo reconocí. Porque ya no tenía el rostro del joven que se exponía con temor y valentía. Tenía el rostro de un hombre maduro, entero, profesional, sereno, lleno de Dios. Le dije que me alegraba enormemente verlo y saber que seguía vinculado a ese apostolado.
Esa es la gente a la que ahora se está descartando como “problemática”.
Esa es la gente que algunos burócratas sin rostro, sentados detrás de documentos interminables, quieren presentar como parte de un pasado dañino.
Esa es la gente que el lobby intraeclesial de la revolución sexual no soporta: hombres y mujeres que no odian a nadie, que no insultan a nadie, que no niegan sus heridas, que no niegan sus luchas, pero que tampoco entregan su alma al chantaje cultural del momento.
Por eso Courage molesta tanto. Porque Courage es la prueba viva de que la alternativa católica existe. La alternativa no es crueldad ni permisividad. No es “terapia reparativa” ni bendición del pecado. No es secreto vergonzante ni exhibicionismo ideológico. Es la vida cristiana de siempre: gracia, sacramentos, amistad, acompañamiento, castidad, cruz, esperanza y santidad.
Eso es lo que la Secretaría del Sínodo acaba de maltratar.
Y lo ha hecho de la peor manera posible: no con un argumento teológico serio o una investigación honesta, sino publicando un testimonio unilateral, ideologizado y hostil contra una institución católica aprobada por la Iglesia.
Una maquinaria que hay que parar
Esto es repugnante.
Y conviene decirlo sin rodeos: si una oficina vaticana puede tomar el testimonio de un activista vinculado al ecosistema de James Martin, publicarlo como insumo oficial y usarlo para desprestigiar a Courage, entonces esa oficina no está “escuchando”. Está seleccionando voces para fabricar una conclusión.
Eso no es discernimiento. Es manipulación.
El Papa León XIV ha querido, desde el inicio de su pontificado, restablecer la paz dentro de la Iglesia. Ese propósito es noble y necesario. La Iglesia viene de años de heridas, confusión, favoritismos, documentos ambiguos y conflictos artificialmente multiplicados. Pero hay una verdad que no se puede evitar: la paz no se construye dejando que los burócratas sigan incendiando la casa mientras todos sonríen en nombre del diálogo.
Hay nudos que no se resuelven por consenso, abusos que no se corrigen con otra ronda de escucha e infiltraciones ideológicas que no desaparecen porque se las rebautice como “temas emergentes”.
El caso Courage debe tener consecuencias.
La Secretaría del Sínodo debería explicar quién eligió ese testimonio, con qué criterio, si Courage fue consultado antes de ser mencionado negativamente, por qué se publicó una acusación tan grave sin verificación, y qué relación existe —si existe alguna— entre los responsables del informe, el entorno del padre James Martin y las personas cuyos testimonios fueron seleccionados.
Y si nadie puede responder con claridad, entonces el problema no es Courage. El problema es la Secretaría del Sínodo.
Los católicos confiamos en la promesa de Jesucristo: las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia. Pero esa promesa no convierte en inocentes a quienes, desde dentro de la burocracia eclesial, trabajan consciente o inconscientemente contra la claridad de la fe, contra la moral católica y contra los fieles que intentan vivir heroicamente lo que la Iglesia enseña.
Courage no merece ser difamado por una comisión sinodal.
Los católicos que luchan por vivir la castidad no merecen ser tratados como piezas defectuosas de un modelo pastoral superado.
Y la Iglesia no merece que sus oficinas se conviertan en plataforma de propaganda para la revolución sexual con lenguaje clerical.
El Papa León XIV debe poner fin a esta payasada. No mañana. No después de otra asamblea. No después de otro documento ilegible.
Ahora.




Muchas gracias y felicitaciones por este valiente artículo Alejandro Bermúdez. Dios te bendiga. Ojalá llegue a quienes debe llegar en el Vaticano. Primero Dios