Si Bertomeu es el superhéroe ¿Dónde está?
El alucinógeno plan de Paola Ugaz para acceder a los míticos mil millones del difunto Sodalitium es el testimonio de cómo Bertomeu es un fracasado
El 007 del Vaticano con su Moneypenny peruana
Hace poco, Paola Ugaz sufrió un infarto cerebral de evidentes rasgos psiquiátricos en forma de “columna de opinión” publicada en La República, el moribundo diario de la izquierda peruana que mantiene una relación incestuosa con Paola, quien en sus páginas muta indistintamente de víctima a experta, de periodista a columnista de opinión.
El exabrupto emocional de Ugaz en La República no amerita más comentario que la recomendación de un terapeuta. Pero sí merecen atención las declaraciones que Ugaz concedió a una microcuenta de Facebook de un ignoto “periodista” de Arequipa (Perú). El valor de esa entrevista —que probablemente no haya leído ni la madre del entrevistador— radica en que Ugaz expone lo que sería su “plan de acción”, o más precisamente, las órdenes que ella cree poder darle al nuevo comisario adjunto de la disolución del Sodalicio, nombrado por el Papa León XIV: el Arzobispo de Arequipa, Javier del Río.
Paolita es la “Jefa”
En la oscura entrevista, Ugaz enumera descaradamente lo que monseñor Javier del Río tiene que hacer como comisario del Sodalicio.
Paso por alto la ironía de que Paola utilice, como expresión de las complicaciones que enfrenta el Arzobispo de Arequipa, la frase “le ha tocado bailar con la más fea”.
En resumen, este es el “plan de acción” que el Arzobispo Del Río debería seguir, según Paolita:
“Torcerle la mano al aparato financiero del Sodalicio”, cuya figura clave es el P. Jaime Baertl, un sacerdote que hace casi una década está desconectado del liderazgo del Sodalicio, pero que es el Mufasa de Paola Ugaz.
Obligar a Baertl a “transparentar bienes, cuentas, flujos de dinero y estructuras”.
Superar el supuesto “bloqueo total del Movimiento de Vida Cristiana” —una extendida comunidad de laicos católicos que no posee absolutamente nada institucionalmente— que hasta ahora “no ha entregado ni un inventario básico”.
Exigir documentación completa sobre imaginarias “propiedades, transferencias, movimientos patrimoniales, salidas de bienes”.
“Armar un inventario patrimonial verificable que sirva de base real para un plan de reparaciones”.
Falta más
Ahí no queda todo. Según Ugaz, la segunda parte del “triple reto” que enfrenta el Arzobispo arequipeño incluye:
“Crear una comisión con respaldo registral, legal y burocrático, no una instancia simbólica”.
“Que esta comisión pueda iniciar formalmente el proceso de reparación” a las víctimas.
Y el tercer elemento del “triple reto” sería “actuar sin demoras”, porque, según Paola -que realmente cree hablar en nombre de León XIV-, “el Papa espera resultados tangibles, no diagnósticos prolongados”.
Amenazas patológicas
Ugaz sostiene que Del Río debe convencer a víctimas, periodistas y observadores (es decir, “a mí y a mí y a mi micro mafia”) de que realmente “quiere romper con la cultura de silencio” y de que no mantiene “cercanía con ambientes relacionados al Sodalicio”.
Y Ugaz, creyendo que la Iglesia sigue atrapada en los tiempos arbitrarios e impredecibles del Papa Francisco, advierte a Del Río que, si no hace lo que ella ordena, tendrá que “atenerse a las consecuencias”, implicando claramente que, si no obedece a Paolita, el Papa León lo expulsará del episcopado. Imposible hacerle comprender que León XIV no es Francisco.
Pero ¿dónde está Bertomeu?
El paquete de exigencias que Paola Ugaz lanza sobre Javier del Río tiene un encanto particular: exige que logre exactamente aquello que, según ella misma, nadie ha conseguido en medio siglo… ¡ni siquiera su comisario predilecto, Jordi Bertomeu Farnós, el 007 del Vaticano, el James Bond de la Iglesia!
Y aquí aparece la primera de las incontables contradicciones de las “órdenes” de la Moneypenny peruana de Bertomeu. Si el impecable y brillantísimo Bertomeu -con su investidura romana, su aura mediática y la alfombra roja que sus corifeos le tienden en cada entrevista- no consiguió torcerle el brazo al malvado Baertl ni obtener un inventario del hoy difunto Sodalicio cuando aún estaba vivo, ¿por qué habría de conseguirlo Del Río, armado únicamente con un mandato canónico?
La incoherencia de manicomio continúa cuando se observa cómo la brújula moral cambia según convenga. Al narrar el pasado, Ugaz describe un Sodalicio blindado, opaco, impermeable. Todos eran víctimas de esa muralla institucional, incluidos -por implicación lógica- los enviados de Roma.
Pero, mágicamente, esa muralla se vuelve perfectamente franqueable cuando Del Río entra en escena. Si él no puede atravesarla, ya no es por la dificultad objetiva, sino porque el Arzobispo “encubre”, “frena” o “no quiere”.
Es fascinante: en el reino argumental de Ugaz, la misma estructura que imaginariamente neutralizó a todos durante décadas se vuelve de mantequilla cuando hay un villano predeterminado a quien cargarle el fracaso.
La incapacidad de entender
No hagamos la pregunta incómoda de cómo, si el Papa todavía confía en Bertomeu, lo mantiene como “comisario” y al Arzobispo Del Río le encarga una responsabilidad subsidiaria a la del inefable 007.
Pero sí observemos las responsabilidades que la Moneypenny andina le atribuye al prelado; responsabilidades que harían sonrojar a la Superintendencia de Banca y Seguros.
Le exige que obligue a entregar documentación privada, que verifique transferencias bancarias, que desmonte estructuras económicas supuestamente “zombies” y que reconstruya un inventario patrimonial completo con la rapidez de un notario mundial omnisciente. Uno casi podría creer que Del Río lleva en el pectoral no una cruz, sino un USB con los poderes de la Unidad de Inteligencia Financiera de los Estados Unidos.
Por supuesto, resulta inútil para Ugaz y su grupito de terapia el hecho de que ya existan investigaciones financieras de fondo, procesos de reparación y organizaciones independientes legítimamente constituidas y legalmente separadas de una organización ya difunta, que en su momento pagó a las víctimas más de cinco millones de dólares.
Pero cabe hacer, una vez más, la pregunta elemental: ¿por qué no pudo hacerlo Bertomeu -a quien ella misma eleva al Olimpo de los comisarios-? Misterio. Ugaz no lo explica; simplemente declara que ahora sí debe ser posible. Muy racional todo, ¿no?
“No pienses, solo insulta”
La piedra angular de su narrativa es el lenguaje penal inflado. Desde hace años, Ugaz emplea un arsenal de términos grandilocuentes -“lavado de activos”, “offshore”, “organizaciones fantasma”, “testaferros”- para describir estructuras e instituciones que, en más de una ocasión, han sido declaradas legítimas tras investigaciones formales.
En su lógica, si una institución tiene una cuenta fuera del Perú, ya es sospechosa; si tiene una fundación, es “fantasma”; si realiza una transferencia bancaria, está lavando dinero. Y así, sin jueces, sin fiscales y sin evidencias, queda sembrada la imagen de corrupción sistémica.
Es la alquimia retórica perfecta: convertir operaciones legales en delitos imaginarios a punta de adjetivos.
Con ese estilo, no sorprende que sus exigencias parezcan menos una hoja de ruta que una sentencia previa. Ella ya tiene al culpable, al negligente y al encubridor, y curiosamente nunca es su comisario favorito.
La tarea de Del Río no consiste solo en hacer lo imposible; consiste en demostrar que es inocente de un delito que ella sugiere como premisa. En ese marco mental, la coherencia lógica es irrelevante: lo importante es mantener la narrativa encendida, aunque se contradiga a sí misma.
Más de una vez me he preguntado qué lleva a Ugaz y a los demás chupamedias de Bertomeu a predicar las falsedades extremas que proclaman. A veces he pensado que se trata de un interés crudo por el dinero. Otras veces, que es un odio ciego que los empuja a la estulticia. Pero cada vez me inclino más a pensar que -junto con todo lo anterior- es algo mucho más simple: que el día que Dios repartió la inteligencia, ellos estaban atrás, muy atrás en la fila.




No hay otro columnista en este Medio que no sea Alejandro Bermúdez y no hay otra noticia que abordar que la venganza personal del columnista contra Bertomeu?
Es impresionante la locura de la llamada periodista Ugaz que ya en su insana personalidad busca y rebusca algo que solo puede caber en su ilusión.