Lo que debes saber sobre Magnifica Humanitas
5 Cosas que pueden orientarte en su necesaria lectura
La primera encíclica social del Papa León XIV, Magnifica Humanitas —“La grandeza de la humanidad”— ya está siendo descrita como “la encíclica sobre la inteligencia artificial”. La descripción no es falsa, pero sí incompleta. El documento trata, en realidad, sobre la persona humana en un momento en que la tecnología, la cultura, la política, la economía y el poder están cambiando a una velocidad vertiginosa.
La encíclica merece ser leída en su integridad. Las notas que aquí comparto son solo una guía -y si se quiere, un “aperitivo”- para leerla directamente.
Es una encíclica de 85 páginas sobre la protección de la persona humana
El título completo del documento es Magnifica Humanitas: Sobre la protección de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. La encíclica tiene 85 páginas y está dividida en una introducción, cinco capítulos y una conclusión.
Los cinco capítulos son:
Capítulo I: “Un enfoque dinámico fiel al Evangelio”
Capítulo II: “Fundamentos y principios de la Doctrina Social de la Iglesia”
Capítulo III: “Tecnología y dominio. La grandeza de la humanidad a la luz de las promesas de la inteligencia artificial”
Capítulo IV: “Proteger a la humanidad en un tiempo de transformación. Verdad, trabajo, libertad”
Capítulo V: “La cultura del poder y la civilización del amor”
No trata solamente sobre inteligencia artificial
La inteligencia artificial aparece en el subtítulo, y el Papa la aborda de manera directa. Pero Magnifica Humanitas trata sobre una transformación mucho más amplia de la vida humana en nuestro tiempo: la tecnología, el trabajo, la educación, la verdad, la comunicación, el poder político, la desigualdad económica, la guerra, el transhumanismo y la tentación de reducir a la persona humana a datos, material disponible o simple instrumento.
La inteligencia artificial es uno de los grandes signos de esta época. Pero el verdadero tema de la encíclica es el ser humano:
La humanidad, creada por Dios en toda su grandeza, se enfrenta hoy a una elección crucial: o bien construir una nueva Torre de Babel, o bien edificar la ciudad en la que Dios y la humanidad habiten juntos.
Cada generación hereda la tarea de modelar su propia época, de encauzar la historia para que se convierta en un lugar donde se salvaguarde la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad.
Sin embargo, toda época corre también el riesgo de crear un mundo inhumano y más injusto. Siempre que la humanidad corre el peligro de desfigurar su verdadera identidad, nosotros, los cristianos, alzamos la mirada hacia el Dios encarnado, sabiendo que es «solo en el misterio del Verbo hecho carne donde el misterio de la humanidad se esclarece verdaderamente»
León XIV la vincula deliberadamente con Rerum novarum
Desde la introducción, el Papa León XIV sitúa Magnifica Humanitas en continuidad directa con Rerum novarum, la encíclica de 1891 de León XIII cuyo título significa “de las cosas nuevas”.
Rerum novarum respondió a las profundas convulsiones sociales provocadas por la Revolución Industrial. Magnifica Humanitas responde a las nuevas “cosas nuevas” de nuestra época: la inteligencia artificial, el poder digital, la crisis de la verdad, la transformación del trabajo y el creciente dominio de los sistemas tecnológicos sobre la vida humana.
El mensaje es claro: así como la Iglesia tuvo que hablar durante la era industrial, también debe hablar ahora, al comienzo de una dramática revolución tecnológica.
Busca reavivar la Doctrina Social de la Iglesia
Uno de los elementos más fuertes de la encíclica es su insistencia en que la Doctrina Social de la Iglesia no es opcional, anticuada ni meramente política. El Papa León XIV dedica un capítulo entero a sus fundamentos y principios: la dignidad humana, los derechos humanos, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social.
El Pontífice escribe:
El Papa León XIII publicó su encíclica *Rerum Novarum* en 189, cuyo 135º aniversario celebramos este año con profunda gratitud. Con aquel documento, mi amado predecesor impulsó la reflexión sobre la sociedad, la economía y la política, que hoy se conoce como la «Doctrina Social de la Iglesia».
León XIV sostiene además que la Iglesia tiene el deber de iluminar con la luz de la fe las transformaciones sociales, culturales, económicas y políticas que están moldeando a la humanidad. En ese contexto, la Doctrina Social de la Iglesia es el modo concreto en que la Iglesia defiende a la persona humana dentro de la historia.
En su diagnóstico sobre la situación mundial y los logros de la cultura secular, el Papa León toma posturas audaces, como la de pedir perdón “en nombre de la Iglesia” por lo que considera el tardío rechazo de la esclavitud, y la denuncia detallada de “nuevas formas de colonialismo”.
Algunas de esas posturas, como la declaración de que la antigua y duradera Teoría de la Guerra Justa, “ha quedado obsoleta”, probablemente atraerá muchos comentarios y posible oposición.
La esperanza atraviesa y culmina la encíclica
Magnifica Humanitas toma muy en serio los peligros del momento actual. No finge que la tecnología, por sí sola, nos hará más sabios, más libres o más humanos.
Pero el documento está profundamente marcado por la esperanza. Una esperanza que no se basa en una confianza ingenua en el futuro, sino en la verdad de que la persona humana ha sido creada a imagen y semejanza de Dios, y en que Dios no ha abandonado a la humanidad.
Reflejando la antropología de San Agustín, el Papa -él mismo augustino- insiste con gran claridad -y hasta belleza literaria- que en la historia humana, el plan de amor y felicidad de Dios sigue siendo más fuerte que cualquier amenaza, incluidas las amenazas nacidas del orgullo humano y del poder tecnológico.
Pero esa esperanza, como virtud teologal, exige una respuesta. Porque Dios respeta la libertad humana, los hombres, especialmente los católicos, deben ayudar a construir una cultura en la que la tecnología sirva a la persona, el poder esté ordenado al amor, y la grandeza humana no se mida por la dominación, sino por la comunión con Dios y con el prójimo.
Y así es como concluye:
El Señor continúa haciendo nuevas todas las cosas y ofrece a cada época la posibilidad de formar parte de la historia de la salvación a la luz de la Encarnación. Encomiendo nuestro deseo a la Madre de Cristo, a la Mujer del Magníficat, para que guíe nuestros pasos a través de este tiempo de cambio y preserve en cada uno de nosotros la verdadera fe en el Evangelio, de modo que podamos dar testimonio de la grandeza de la humanidad, en la cual Dios ha establecido su morada.



