El Papa a los cardenales: comencemos una conversación, no un documento
El Pontífice inauguró este miércoles 7 de enero su primer Consistorio Extraordinario con un discurso que lo define cada vez mejor
Roma vivió la tarde del miércoles un momento de gran importancia eclesial: al inaugurar su primer Consistorio Extraordinario de Cardenales, el Papa León XIV pronunció un discurso denso, teológicamente sólido y pastoralmente muy intencional, que culminó con un llamado claro y poco habitual: inaugurar una nueva forma de comunicación y colaboración real entre el Colegio Cardenalicio y el Papa, basada más en la escucha que en la producción de textos.
Desde el inicio, León XIV situó el Consistorio en una clave profundamente simbólica, subrayando que se celebrara inmediatamente después de la solemnidad de la Epifanía. A partir del profeta Isaías («¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz!») y del inicio de la Lumen gentium, el Papa recordó que la misión de la Iglesia solo puede entenderse desde Cristo, “luz de las naciones”, y desde su capacidad de irradiar esa luz en medio de las tinieblas del mundo contemporáneo.
Los Papas y el Concilio
En ese marco, León XIV trazó una lectura histórica de los últimos pontificados, destacando cómo san Pablo VI y san Juan Pablo II encarnaron la visión conciliar, y cómo Benedicto XVI y Francisco la sintetizaron en una sola palabra: atracción. Citando a Benedicto XVI, recordó que “la Iglesia no hace proselitismo. Crece mucho más por atracción”.
Esa fuerza tiene nombre: el amor. “No es la Iglesia la que atrae, sino Cristo”, afirmó con claridad, insistiendo en que solo cuando la caridad de Cristo circula verdaderamente en la vida personal y comunitaria, la Iglesia resulta creíble. De ahí una de las frases más contundentes del discurso: “Sólo el amor es creíble, sólo el amor es digno de fe”.
El gobierno de la Iglesia
Pero fue en la segunda mitad del discurso donde el Papa aterrizó esa teología en una propuesta concreta de gobierno eclesial. Reconociendo la enorme diversidad del Colegio Cardenalicio -culturas, trayectorias, sensibilidades y experiencias pastorales-, León XIV señaló que el primer desafío no es producir consensos rápidos, sino aprender a escucharse.
“Estoy aquí para escuchar”, dijo sin rodeos. Y añadió que este Consistorio no debía entenderse como un ejercicio para redactar conclusiones, sino como el inicio de un método: “No debemos llegar a un texto, sino mantener una conversación que me ayude en mi servicio a la misión de toda la Iglesia”.
Menos palabrería
Pero el Papa -muy norteamericano en esto- explicó que esa conversación tendrá reglas claras: brevedad, foco en lo esencial, escucha mutua y apertura:
“Escuchar la mente, el corazón y el espíritu de cada uno; escucharnos unos a otros; expresar sólo el punto principal y de manera muy breve, para que todos puedan hablar: ésta será nuestra forma de proceder”.
Citando el viejo adagio latino, recordó: Non multa sed multum. La frase, que se traduce como “no muchas cosas, sino mucho”, ha sido muchas veces atribuida a los Jesuitas, pero realidad proviene de una carta de Plinio el Joven (Epístola VII, 9 a su amigo Fuscus.
En uno de los pasajes más reveladores de su extenso discurso, León XIV afirmó que esta forma de proceder no es coyuntural, sino programática:
“En el futuro, esta forma de escucharnos unos a otros, buscando la guía del Espíritu Santo y caminando juntos, seguirá siendo de gran ayuda para el ministerio petrino que se me ha confiado”.
Incluso fue más lejos al sugerir que de esta manera fraterna y sincera de trabajar “puede surgir algo nuevo, que pone en juego el presente y el futuro”.
El mensaje final fue claro: la colegialidad no es un eslogan ni un trámite, sino una forma concreta de vivir la unidad de la Iglesia. Y esa unidad -recordó- no se impone ni se administra, sino que atrae. Porque, como insistió el Papa al inicio y al final de su discurso, solo una Iglesia que se ama y se escucha puede reflejar auténticamente la luz de Cristo en el mundo.
Lee el discurso completo en español en la página oficial del Vaticano:
Discurso del Santo Padre León XIV en la apertura del Consistorio Extraordinario



