El Papa León XIV llega al Hospital Gemelli (Crédito: Daniel Ibañez/EWTN News)
La noticia de que el Papa León XIV padece cáncer de pulmón ha provocado una comprensible preocupación entre los católicos de todo el mundo. Sin embargo, detrás de la gravedad que inevitablemente acompaña a la palabra cáncer, existe una serie de circunstancias que permiten a los especialistas ofrecer una perspectiva cautelosamente optimista sobre la salud del Pontífice.
El martes 13 de octubre, León XIV, de 71 años, fue sometido a una intervención quirúrgica en el Policlínico Agostino Gemelli de Roma, durante la cual los cirujanos le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho. La operación, que duró aproximadamente 90 minutos, transcurrió sin complicaciones, según informó el Vaticano. Los análisis confirmaron que el nódulo detectado previamente correspondía a un adenocarcinoma pulmonar, la forma más frecuente de cáncer de pulmón.
Los primeros informes sobre su recuperación han sido alentadores. El Santo Padre pasó una noche tranquila después de la operación y, según la información difundida este miércoles 14 de octubre, ha podido comenzar a caminar, alimentarse normalmente y realizar ejercicios de rehabilitación respiratoria. No obstante, todavía se esperan resultados adicionales que permitirán determinar con mayor precisión la extensión de la enfermedad.
¿Qué significa el diagnóstico y cuáles son las posibilidades de recuperación?
Según explica un artículo publicado por la agencia Associated Press, el adenocarcinoma pulmonar pertenece a la familia de los cánceres de pulmón denominados «de células no pequeñas». Aunque el cáncer pulmonar continúa siendo una de las principales causas de mortalidad por cáncer en el mundo, su pronóstico cambia considerablemente cuando se descubre en sus primeras etapas, antes de que se haya extendido a otros órganos.
Los adenocarcinomas tienen una característica que puede resultar favorable para su detección: con frecuencia se desarrollan en las regiones exteriores de los pulmones y algunos crecen más lentamente que otros tipos de cáncer pulmonar. Por esta razón, pueden ser identificados mediante estudios radiológicos realizados por motivos completamente diferentes, incluso antes de que produzcan síntomas.
Eso parece haber ocurrido en el caso de León XIV, cuyo nódulo fue descubierto durante un examen médico. La posibilidad de realizar una intervención quirúrgica para extirparlo constituye una circunstancia alentadora, aunque por sí sola no permite determinar el estadio exacto de la enfermedad ni garantizar que el cáncer haya sido eliminado definitivamente.
Associated Press explica que, cuando el cáncer pulmonar está suficientemente localizado, la cirugía puede constituir el tratamiento principal y, en determinados casos, resultar suficiente. En otras circunstancias, los especialistas pueden recomendar tratamientos complementarios, como quimioterapia, radioterapia o inmunoterapia, dependiendo de las características del tumor y de la posibilidad de que algunas células cancerosas permanezcan en el organismo.
También hay motivos para confiar en la recuperación física del Pontífice. El pulmón derecho tiene tres lóbulos y el izquierdo dos. Tras la extirpación de uno de ellos, el tejido pulmonar restante puede compensar progresivamente parte de la pérdida de capacidad respiratoria, especialmente en personas que, antes de la operación, mantenían una buena condición física. León XIV es conocido por su afición al tenis y a la natación, actividades que practicaba regularmente antes de su diagnóstico.
Pero la gran pregunta sigue siendo la misma: ¿cuán avanzado estaba el cáncer cuando fue descubierto y qué probabilidades existen de que el Papa pueda recuperarse completamente?
Mi conversación con el Dr. Luis Raez
Para comprender mejor el estado de salud del Santo Padre hablé con el Dr. Luis E. Raez, médico peruano, director científico y director médico del Memorial Cancer Institute (parte del Memorial Healthcare System del estado de la Florida en Estados Unidos) y director del Programa de Oncología Torácica.
“Si el cáncer se originó en el pulmón, estamos hablando de un cáncer en etapa temprana, ya que fue posible extirparlo. Sin embargo, es imposible emitir un pronóstico preciso sin conocer ciertos detalles —que naturalmente son confidenciales—, como el tamaño del nódulo extirpado”, explicó el Dr. Raez.
A modo de referencia —y sin pretender realizar un diagnóstico basado en la información difundida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede—, el Dr. Raez me explicó que, “por lo general, si el nódulo extirpado mide menos de 4 centímetros (1,5 pulgadas), la cirugía debería bastar para un pronóstico muy positivo. Si supera los cuatro centímetros, es probable que la cirugía deba complementarse con radioterapia o inmunoterapia y, con menor probabilidad —a menos que el cáncer se haya propagado a otros órganos—, con quimioterapia”.
Raez aclaró que cualquier información que pueda ofrecer en este momento cualquier oncólogo ajeno al equipo médico del Papa es meramente referencial y de carácter general, ya que “se requieren muchos más detalles de los que se conocen actualmente para trazar un plan de tratamiento y establecer un pronóstico”.
Esta última precisión resulta especialmente importante. El Dr. Raez me explicó que el tamaño del tumor es uno de los elementos que ayudan a determinar el estadio del cáncer, pero no es el único. Los especialistas necesitan conocer también las características microscópicas del tejido extirpado, los márgenes de la resección quirúrgica y, sobre todo, si existen evidencias de propagación a los ganglios linfáticos o a otras partes del organismo.
Precisamente por eso, mientras no se conozcan los resultados completos de los estudios posteriores a la operación, sería tan irresponsable anunciar que el Santo Padre está definitivamente curado como sugerir que enfrenta necesariamente un pronóstico sombrío.
Los elementos conocidos hasta ahora justifican la esperanza, pero no permiten todavía una conclusión definitiva.
El Papa está en buenas manos
Otra circunstancia que invita a la tranquilidad es la calidad del equipo médico que atiende al Santo Padre y la experiencia de quien tiene la responsabilidad de coordinar su atención sanitaria.
Se trata del Dr. Luigi Carbone, médico italiano que actualmente dirige la Dirección de Sanidad e Higiene del Estado de la Ciudad del Vaticano y que desempeña, en la práctica, las funciones tradicionalmente asociadas al médico personal del Papa.
Según un perfil publicado el 13 de octubre por la periodista Victoria Cardiel para ACI Prensa y EWTN News, reproducido por el National Catholic Register, Carbone mantiene vínculos profesionales con el Policlínico Agostino Gemelli, uno de los principales centros hospitalarios de Italia, y ha desarrollado una trayectoria particularmente relacionada con la medicina de urgencias y la coordinación de servicios médicos.
Su responsabilidad no se limita a atender personalmente al Pontífice. También debe coordinar el trabajo de los especialistas, garantizar la continuidad de los tratamientos y organizar los recursos sanitarios necesarios para responder a cualquier situación que pueda comprometer su salud.
Carbone acompaña habitualmente a León XIV en sus viajes apostólicos internacionales, durante los cuales debe evaluar las condiciones médicas disponibles, las exigencias físicas de los desplazamientos y la capacidad de respuesta ante posibles emergencias. Se trata de una tarea especialmente delicada, porque exige conciliar las necesidades de salud del Pontífice con las enormes responsabilidades de su ministerio.
Como explica Cardiel, en el caso de la reciente intervención quirúrgica, esa coordinación se desarrolla en colaboración con los especialistas del Gemelli, un hospital estrechamente vinculado con la atención médica de los pontífices desde los tiempos de San Juan Pablo II y, más recientemente, del Papa Francisco.
Es decir, León XIV cuenta con un sistema de atención médica de primer nivel, con acceso a especialistas y recursos hospitalarios altamente desarrollados, además de una supervisión profesional permanente.
Una esperanza fundada, mientras seguimos rezando
El diagnóstico de cáncer de pulmón no puede ni debe minimizarse. Se trata de una enfermedad seria, y sería prematuro afirmar que el Santo Padre está fuera de peligro. Pero tampoco hay razones para alimentar especulaciones alarmistas cuando los datos conocidos hasta el momento incluyen una detección aparentemente temprana, una intervención quirúrgica exitosa y una recuperación posoperatoria favorable.
La medicina moderna ha avanzado extraordinariamente en el diagnóstico y tratamiento del cáncer pulmonar, y las posibilidades de recuperación son sustancialmente mejores cuando la enfermedad puede ser identificada y tratada antes de que se extienda.
Por ahora, la prudencia de los especialistas coincide con una actitud que los católicos conocemos bien: la esperanza no exige ignorar la realidad ni inventar certezas donde todavía existen interrogantes.
Mientras los médicos continúan evaluando los resultados de la operación y determinan si será necesario algún tratamiento adicional, tenemos motivos para agradecer los avances de la medicina, confiar en la competencia de quienes cuidan al Santo Padre y, sobre todo, perseverar en la oración por su pronta y completa recuperación.
Porque, más allá de las estadísticas y los pronósticos, lo que todos deseamos es que León XIV pueda continuar durante muchos años más su misión como sucesor de Pedro.



