Dictadura cubana: Muy poco y muy tarde
La dictadura ofrece migajas mientras el mundo busca señales de cambio. Trump debe incrementar la presión
El régimen comunista cubano, simultáneamente con el Vaticano, anunció este viernes 13 de marzo la próxima liberación de 51 personas encarceladas después de conversaciones con la Santa Sede. A primera vista, el anuncio podría interpretarse como un gesto de apertura. Algunos observadores incluso han sugerido que podría tratarse de una señal de distensión en medio de la grave crisis que atraviesa la Isla.
Pero conviene mirar los hechos con frialdad.
La liberación de 51 prisioneros en un país que mantiene más de mil presos políticos no es una señal de cambio. Es, en el mejor de los casos, una concesión mínima. En el peor, una maniobra calculada para aliviar la presión internacional sin alterar en lo más mínimo la estructura del régimen.
El gobierno cubano no ha presentado esta decisión como el inicio de un proceso político nuevo. Todo lo contrario. la cabeza de la dictadura, Miguel Díaz-Canel ha descrito la liberación de los procesos no como un paso hacia el indispensable nuevo rumbo; sino como parte de un “proceso administrativo” normal dentro de su sistema penitenciario, recordando que desde hace años se conceden excarcelaciones y beneficios penitenciarios a ciertos reclusos.
Es decir, La Habana lo presenta como lo que en lenguaje diplomático podría llamarse business as usual.
Un gesto diminuto
Las cifras son elocuentes. Organizaciones internacionales como Prisoners International estiman que Cuba mantiene más de mil presos políticos, muchos de ellos detenidos tras las protestas masivas de julio de 2021, cuando miles de cubanos salieron a las calles al grito de “libertad”.
La respuesta del régimen fue la previsible en cualquier dictadura: detenciones masivas, procesos judiciales opacos y condenas desproporcionadas.
En ese contexto, la liberación de 51 presos -cuyas identidades ni siquiera han sido reveladas- no altera el panorama. Más aún cuando numerosas instituciones de derechos humanos advierten que muchas de estas excarcelaciones no son indultos plenos, sino simples beneficios penitenciarios, lo que significa que la condena sigue vigente y que el control del Estado sobre estas personas permanece intacto.
La opacidad del proceso es, como siempre en Cuba, parte del problema. La dictadura no está prometiendo nada. Y el elemento más revelador de este episodio no es la liberación en sí misma, sino la forma en que el régimen la ha comunicado:
No hay promesas de reformas políticas.
No hay reconocimiento de presos políticos.
No hay anuncio de apertura institucional.
En otras palabras, el régimen no está sugiriendo ningún cambio de rumbo; simplemente está administrando la presión internacional; mientras Díaz-Canel sigue con la retórica de la “gran revolución cubana”, de la “soberanía” y de la “creatividad” para manejar la crisis... mientras la Isla está de facto paralizada y en una espiral catastrófica.
Conversaciones con EU… pero sin cambios
El mismo día del anuncio, en una conferencia de prensa de la que se esperaba mucho más, el dictador cubano Miguel Díaz-Canel anunció que su gobierno ha iniciado conversaciones con Estados Unidos. Pero una vez más, el dictador no quiso reconocer que Cuba requiere urgentemente una nueva dirección que incluya la transición del poder; y describió estas conversaciones como un diálogo “normal” entre dos países. Nada más.
No hay reconocimiento de la crisis política. No hay admisión de responsabilidad en el colapso económico. No hay compromisos verificables de democratización.
La estrategia del régimen parece clara: mostrar pequeños gestos suficientes para mantener abiertos los canales diplomáticos, pero insuficientes para poner en riesgo su control del poder.
El error sería reducir la presión
Frente a este escenario, existe un riesgo evidente. Que algunos gobiernos occidentales interpreten estas liberaciones limitadas y ese “diálogo” como una señal de buena voluntad y utilicen ese argumento para justificar una reducción de la presión económica o política sobre el régimen.
Sería un error catastrófico cuyo alto precio pagarían los cubanos. El régimen cubano ha demostrado a través de la historia que existe para un fin y solo uno: la supervivencia del sistema dictatorial y corrupto a cualquier precio.
En efecto, cada gesto limitado ha sido, durante seis décadas, parte de una estrategia más amplia de supervivencia política. El régimen libera a unos pocos presos, gana tiempo, reduce la presión internacional… y mantiene intacto el sistema que produce nuevos presos políticos.
Pero el problema de Cuba no es la existencia de algunos presos políticos; sino un sistema político que produce presos políticos. Mientras ese sistema exista, cualquier liberación parcial será apenas una pausa dentro del mismo ciclo de represión.
Para las familias de los prisioneros liberados, sin duda, esta noticia es motivo de alivio. Pero para el pueblo cubano en su conjunto no representa un cambio estructural. La Isla continúa atrapada en una crisis económica devastadora, con apagones constantes, escasez generalizada y una emigración masiva que ya ha vaciado al país de millones de personas.
Una sola salida: la democracia
Por eso la conclusión es incómoda, pero inevitable: La historia, especialmente la más reciente, demuestra que la dictadura responde únicamente cuando se encuentra bajo presión sostenida. Y esta vez existe una circunstancia sin precedentes: la administración Trump ha logrado un aislamiento tan radical del régimen, que por primera vez en los 67 años de comunismo en Cuba la cúpula enfrenta la decisión existencial de tener que escoger entre democratizar finalmente la Isla... o acabar en una cárcel norteamericana -como Nicolás Maduro- o bajo tierra -como el Ayatollah Alí Khamenei -.
El sufrimiento del pueblo cubano no terminará con liberaciones parciales negociadas en silencio. Terminará cuando termine el régimen. Y nunca ese sueño cubano -y de todos los amantes de la libertad- ha estado más cerca que ahora. Pero para que ese sueño se haga finalmente realidad, la presión norteamericana debe aumentar.



