BREAKING: El Vaticano trató de evitar el arresto de Maduro
Una investigación exclusiva del Washington Post acaba de revelar cómo el Vaticano trató de darle una salida al dictador venezolano hasta el último momento
El Washington Post acaba de publicar una pieza de investigación extraordinaria -de esas que no solo informan, sino que se leen como una novela de espionaje- sobre las gestiones internacionales desplegadas para evitar que la crisis venezolana desembocara en una acción militar norteamericana. Y el dato más fascinante, el que enmarca toda la historia, ocurre en la víspera de Navidad, en el corazón mismo de la diplomacia vaticana.
Entra el Vaticano
Según documentos oficiales obtenidos por el Post, el 24 de diciembre el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado y “número dos” del Papa, citó con urgencia al embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, Brian Burch, para pedirle claridad: ¿Washington iba solo contra narcotraficantes… o buscaba directamente un cambio de régimen? En esa conversación, Parolin habría admitido una verdad básica (Maduro “tenía que irse”) pero, precisamente por eso, pidió por lo que los diplomáticos llaman un “off-ramp”: una salida.
La lógica era tan fría como humana: si a un autócrata acorralado no se le ofrece una puerta para escapar, se atrinchera… y los que pagan el precio suelen ser los civiles.
Mediación hasta el último segundo
El relato del Post muestra a Parolin moviéndose como un operador veterano, buscando acceso al secretario de Estado Marco Rubio “por días”, presionado por un temor concreto: sangre, caos, desestabilización. El cardenal, con pasado como nuncio en Caracas y con historial de interlocución en escenarios difíciles, es presentado como un pragmático: si existe una vía para sacar a Maduro sin incendiar el país, hay que intentar abrirla.
Pero según el Washington Post, aparece de pronto un giro geopolítico que hace que todo suene a un thriller: Rusia estaría dispuesta a ofrecer asilo. No solo para Maduro, sino potencialmente para el círculo alto. La oferta, según una fuente citada por el Post, era sencilla: salir, vivir, conservar. “Lo propuesto era que se fuera y pudiera disfrutar su dinero”, dijo una persona familiarizada con el ofrecimiento; y agregó que Putin “garantizaría seguridad”.
Parolin, además, habría compartido un rumor propio de guerras frías: que Venezuela se había convertido en una “pieza” dentro de una negociación mayor, y que Moscú podría “ceder” Venezuela si obtenía lo que quería en Ucrania.
La absurda terquedad de Maduro
La investigación del Post -basada en entrevistas con una veintena de personas y conversaciones sensibles, muchas bajo anonimato- reconstruye este proceso: Maduro recibió múltiples oportunidades para evitar el desenlace, pero las rechazó una tras otra. Y cuanto más se cerraban las ventanas, más avanzaba la operación.
El texto pinta a Maduro como un hombre que no entendió la gravedad real del momento. Incluso cuando el tono de Washington se endurecía y las señales militares se acumulaban, él interpretaba que todavía podía ganar tiempo.
En una llamada de noviembre con Trump, según una fuente, Maduro creyó que había ido “bien”. Pero la lectura norteamericana era exactamente la contraria: “Puedes irte por el camino fácil o por el difícil”, le habrían dicho.
Incluso se menciona algo que, si es cierto, revela cuán lejos llegó la búsqueda de una salida controlada: una invitación a Washington con “paso seguro” para conversar en persona. Maduro se negó. Apostó a su cálculo político: que los demócratas ganarían las elecciones de medio término, que Trump quedaría atado, que él resistiría. “Estaba ahí afuera bailando”, dice una fuente.
La jugada más polémica: Delcy Rodríguez
La fascinante investigación del Washington Post no se limita al “cómo cayó Maduro”. También aborda el “qué viene”. Y aquí el Post ofrece otro ángulo de alto valor: mientras el Vaticano buscaba una salida para Maduro, Washington habría ido inclinándose hacia un plan sucesorio apoyado en Delcy Rodríguez, la vicepresidente.
El giro es sorprendente porque durante años Rodríguez fue objetivo de sanciones y parte del “núcleo duro” del régimen. Pero el Post describe un cambio de mentalidad en Washington: dudas sobre la capacidad de María Corina Machado para “ganar” a las fuerzas armadas y manejar el aparato de poder chavista; y, además, el peso de una evaluación clasificada de la CIA -obtenida por el Post- que concluía que los leales a Maduro tendrían más capacidad para conducir una era pos-Maduro que la oposición.
Rodríguez, dice el reportaje, era dos personas a la vez: el rostro público combativo y, en privado, una negociadora fría, útil para intereses petroleros y actores internacionales. “No era antiamericana”, cita el Post a una fuente; “incluso vivió en Santa Mónica [California]”.
El final: “el acuerdo” que nunca aceptó
Los intentos de exilio siguieron hasta el último tramo. Hubo intermediarios de todo tipo: rusos, qataríes, turcos, emisarios no oficiales, empresarios. En uno de los episodios más reveladores, un magnate brasileño llegó a Caracas con puntos sobre la mesa, incluyendo la salida de Maduro, y, según fuentes que hablaron con el Post, Maduro y su esposa se indignaron.
Y el desenlace llegó: una incursión de fuerzas especiales estadounidenses, con decenas de muertos, y Maduro trasladado a Nueva York para enfrentar cargos de narcotráfico.
Por qué este reportaje importa
El trabajo del Washington Post presenta al Vaticano como lo que es en estos escenarios: una potencia moral sin ejército, que a veces sirve de puente cuando otros solo amenazan con martillos. Muestra a Washington moviéndose entre diplomacia y fuerza -y asumiendo que, cuando el “off-ramp” fracasa, la opción es el “hard way”, la vía dura. Pero sobre todo muestra a Maduro -y esto es lo más inquietante- como un autócrata que, por soberbia, paranoia o simple estupidez, prefirió jugar a la crisis antes que aceptar la salida.
Y al final, resuena una frase que el propio Papa León XIV pronunció en el Vaticano este viernes -citada por el Post- con un tono casi profético para esta historia: la diplomacia del diálogo está siendo sustituida por la fuerza. “La guerra vuelve a estar de moda”, advirtió.
El valor de la diplomacia pontificia
Todo este episodio ilumina con crudeza qué es -y qué no es- la diplomacia de la Santa Sede. El Vaticano no tiene divisiones militares ni sanciones económicas; su fuerza es otra: la capacidad de recordar que incluso los peores conflictos humanos siguen siendo conflictos entre personas, y que mientras exista una rendija para evitar la violencia, hay una obligación moral de intentarlo.
El caso Maduro muestra que la diplomacia pontificia puede ganar tiempo, abrir puertas, ofrecer salidas racionales y humanitarias, e incluso coordinar actores que no se hablan entre sí. Pero también deja al descubierto su límite estructural: cuando las grandes potencias deciden que el “hard way” es inevitable, Roma ya no puede detener la maquinaria, solo advertir, documentar y -con frecuencia- quedar como el último testigo incómodo de que hubo otra opción.
Lejos de desacreditarla, el reportaje confirma el valor real de esa diplomacia: no garantiza el éxito, pero preserva la conciencia, recuerda que la fuerza nunca es neutral, y deja constancia histórica de que la Iglesia, incluso cuando fracasa, fracasa intentando salvar vidas y evitar el derramamiento de sangre. En un mundo cada vez más impaciente con el diálogo, ese testimonio no es irrelevante: es profético.




Alejandro, en el cuerpo de texto del artículo se entiende la posición mediadora del Vaticano y su aporte positivo pero el titular no refleja el contenido. Si el titular se lee aisladamente puede dar a entender que el Vaticano tenía una posición a favor del régimen de Maduro y no es verdad. ¿Considerarías cambiar el titular para evitar que se comprenda equivocadamente la información del artículo? Muchas gracias.
Trump también trató de evitar arrestar a Maduro, por eso le ofreció dejar su gobierno y exiliarse voluntariamente