Así fue la metida de pata de Israel el Domingo de Ramos
Una investigación de The Free Press revela la incompetencia y estupidez que desataron un grave incidente internacional
Tras la torpeza, comprensión y sonrisas
El debate en torno al incidente del Domingo de Ramos en Jerusalén ha sido tan ruidoso que durante más de 24 horas, prácticamente se “comió” eventos mundiales de primerísima plana.
Se ha hablado de “odio a los cristianos”, de “represión religiosa”, de “traición”, de “sionismo” o “antisemitismo”. Pero la realidad -como suele suceder- es mucho más patética: no hubo una gran teoría detrás; sino algo peor: dejadez, desorden, burocracia… y una peligrosa incapacidad de prever lo obvio.
Un artículo publicado por The Free Press, escrito por el analista judío Avi Mayer, tiene el mérito -cada vez más raro- de decirlo con claridad brutal. Lo ocurrido no fue una conspiración, sino “una tormenta perfecta de torpeza, mentalidad cerrada y rosh katan”, una expresión israelí que significa literalmente “cabeza enana”, y que implica hacer lo mínimo sin considerar el panorama completo.
La secuencia de los hechos: un absurdo paso a paso
El relato es casi increíble por su simpleza.
La mañana del Domingo de Ramos, el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén se dirigía a pie (“un recorrido de siete minutos”) desde el Patriarcado Latino hasta la Iglesia del Santo Sepulcro para celebrar la Misa del Domingo de Ramos, el solemne inicio de la Semana Santa.
Como había sido previamente acordado con la policía, no iba encabezando multitudes ni había procesión pública. La propia Iglesia había aceptado restricciones severas: “una misa mínima”, sin fieles, transmitida en línea, con un traslado “privado y sin características de procesión”.
Y aun así, al llegar, se le impidió entrar.
¿La razón? Las directivas de seguridad vigentes por la guerra: límite de 50 personas para eventos religiosos y necesidad de un refugio antibombas cercano. El Santo Sepulcro -como los demás lugares sagrados en el casco antiguo de Jerusalén- carece de ese tipo de infraestructura.
Desde el punto de vista técnico-policial, para una mente cuadrada, la decisión tenía lógica. Desde el punto de vista humano, religioso y político, fue un desastre.
Como era previsible, la reacción fue fulminante.
El Vaticano y el Ministerio de Exteriores italiano convocaron al embajador israelí para exigir explicaciones -y todo esto el mismo domingo-, mientras que la primera ministra italiana Giorgia Melloni, una indiscutida aliada de Israel calificó el hecho de “una ofensa no solo a los creyentes, sino a toda comunidad que reconoce la libertad religiosa”.
Incluso aliados firmes de Israel reaccionaron con dureza. El embajador norteamericano ante Israel, el ex pastor protestante Mike Huckabee -que se declara abiertamente un “cristiano zionista”- reaccionó así en su cuenta en X:
Mi declaración con respecto a la prohibición de entrada del Patriarca Latino a la Iglesia del Santo Sepulcro en el Domingo de Ramos:
Si bien todos los lugares santos de la Ciudad Vieja permanecen cerrados debido a preocupaciones de seguridad relacionadas con las grandes aglomeraciones —incluyendo el Muro de las Lamentaciones, la Iglesia del Santo Sepulcro y la Mezquita de Al-Aqsa—, la actuación de hoy por parte de la Policía Nacional de Israel, al denegar la entrada a la Iglesia al Patriarca Latino, el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, y a otros tres sacerdotes para impartir una bendición en el Domingo de Ramos, constituye un desafortunado exceso de autoridad que ya está teniendo importantes repercusiones en todo el mundo. Las directrices del Mando del Frente Interno restringen cualquier reunión a un máximo de 50 personas. Los cuatro representantes de la Iglesia Católica se encontraban muy por debajo de dicho límite. Las declaraciones del Gobierno de Israel indican que la medida de prohibir la entrada del Cardenal Pizzaballa a la Iglesia del Santo Sepulcro se adoptó por razones de seguridad; sin embargo, iglesias, sinagogas y mezquitas de toda Jerusalén han cumplido con la restricción de 50 personas o menos. Resulta difícil de comprender o justificar que se le impida al Patriarca entrar a la Iglesia en el Domingo de Ramos para celebrar una ceremonia privada.
La respuesta israelí: correr detrás del escándalo
Solo después de que el escándalo explotó, las autoridades reaccionaron.
El presidente Isaac Herzog expresó su “gran pesar” por el incidente “lamentable”, mientras que Benjamin Netanyahu anunció que se estaba preparando un plan para permitir el culto “en los días siguientes”.
El plan, este martes 31, ya había sido diseñado e implementado.
Horas después el mismo domingo -demasiado tarde- la policía anunció un nuevo marco que permitiría una “oración limitada” en el Santo Sepulcro, y puso en X un post donde ´las autoridades policiales de Jerusalén aparecían sonrientes saludando a un bondadoso Cardenal Pizzaballa.
Pero Mayer, el autor del artículo en The Free Press plantea una pregunta devastadora por su simplicidad:
“¿Por qué tuvo que ocurrir un incidente internacional de esta magnitud para hacer las cosas bien?”
Uno de los elementos más reveladores del artículo es precisamente lo que descarta. No hubo intención maliciosa; solo un grupo de policías de medio rango, sin autoridad para tomar decisiones.
Un rabino involucrado en diálogo interreligioso lo dice sin rodeos: no fue odio, fue una combinación de “torpeza, mentalidad cerrada y hacer lo mínimo”.
Ese diagnóstico coincide con otro problema señalado por el mismo rabino:
Israel “no tiene un representante religioso ante otras religiones, y además cuenta con agentes en lugares sagrados que “no siempre conocen la historia ni las complejidades”.
En otras palabras: el sistema no está diseñado para manejar lo que debería ser obvio.
El contexto que agrava todo
Este error no ocurre en el vacío. Israel enfrenta “un nivel de escrutinio sin precedentes”, y sus propios aliados están bajo presión para distanciarse.
En ese contexto, impedir -aunque sea momentáneamente- que el principal líder católico de la región celebre el inicio de la Semana Santa en el Santo Sepulcro no es solo un error operativo. Es un error estratégico de primer orden.
Como advierte Mayer, incidentes como este “tienen el potencial de causar un daño significativo a largo plazo en la posición internacional de Israel”... Y el gobierno de Israel, que se precia de calcular todo, dejó que se le escape un caracol.
Mientras todos gritaban, uno actuó
En medio del ruido, hay una figura que emerge con claridad. El Cardenal Pizzaballa.
Su reacción fue exactamente la contraria a la que dominó el debate. Con esta calma explicó el Cardenal italiano al periodista judío:
“No hubo enfrentamientos… todo se hizo de manera muy educada… queremos usar esta situación para aclarar qué debe hacerse, respetando la seguridad y el derecho a rezar”.
Sin dramatismo. Sin victimismo. Sin escaladas inútiles. Esa combinación de calma, firmeza y sentido político permitió lo esencial: que, en los días siguientes, las celebraciones del Triduo Pascual puedan realizarse con dignidad.
Según The Free Press, este episodio deja una lección que muchos no quieren aceptar en Israel y en el mundo:
No todo escándalo es ideológico. No todo error es una conspiración. A veces, el problema es más básico… y más difícil de corregir, porque está vinculado a esa poderosa fuerza: la estupidez humana.



